México ante la nueva carrera digital: ¡Estamos listos para ser el hub tecnológico de América Latina!
Por: Dr. Cuauhtemoc Ramírez Zamora
Columna: Estación Esperanza
La economía global vive una transformación acelerada marcada por la digitalización, la inteligencia artificial y la creciente demanda de infraestructura de datos. Hoy, los países compiten no solo por atraer fábricas o manufactura, sino por captar centros de datos, laboratorios de IA, talento especializado y cadenas de suministro digitales que sostendrán la economía del futuro. En este contexto, las potencias tecnológicas —Estados Unidos, la Unión Europea, pero sobre todo Asia-Pacífico— impulsan políticas industriales para asegurar energía limpia, conectividad de alta capacidad y entornos regulatorios que atraigan inversión. América Latina no es la excepción, y dentro de la región, México aparece como el jugador mejor posicionado para liderar esta nueva etapa.
La administración de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo busca aprovechar esta tendencia global para convertir a México en el centro digital más importante del continente. En su mañanera del 19 de noviembre mencionó la articulación de estrategia basada en tres pilares: certeza regulatoria, energía limpia e incentivos fiscales. Esta visión se concentra en el llamado Plan México, que, según especialistas como Alejandro Cardini, funciona como un marco de largo plazo que da confianza a gigantes tecnológicos como Microsoft, Amazon, Google y Nvidia.
Los resultados iniciales indican que esta apuesta no es solo discurso. México ya es el segundo destino más importante de centros de datos en América Latina, con el 16% del total regional. En 2024, el sector de comunicaciones creció 255% en proyectos anunciados —más de 7 mil millones de dólares—, una cifra que demuestra que el país empieza a atraer la atención de los ecosistemas globales de innovación. Aunado a ello, 140 empresas se movieron recientemente hacia sectores altamente dinámicos como los servicios financieros digitales, el real estate tecnológico y el B2B profesional, mostrando un entorno empresarial cada vez más orientado a lo digital.
La visión del sector privado también apunta en la misma dirección. El Consejo Coordinador Empresarial se fijó la meta de duplicar la inversión extranjera directa tecnológica en cinco años, tomando como base los 34 mil 265 millones de dólares registrados hasta el segundo trimestre de 2025. Para lograrlo, impulsa proyectos que vinculan empresas, sector público e instituciones tecnológicas, con el fin de acelerar inversiones estratégicas.
El diagnóstico económico del gobierno federal también expone la importancia de este sector. La Secretaría de Hacienda proyecta un crecimiento del PIB entre 1.8 y 2.8%, pero advierte que gran parte de este avance dependerá de modernizar la base productiva y sostener la inversión en tecnología. Esto no solo implica atraer centros de datos, sino desarrollar talento, infraestructura y capacidades nacionales para participar en cadenas de valor digitales.
Empresas importantísimas como Nvidia destacan que México se encuentra en una oportunidad única para crear y escalar su propia inteligencia artificial, razón por la cual anunció su iniciativa México IA + Inversión Acelerada, orientada a fortalecer el ecosistema nacional. Según Cardini, la combinación de ubicación geográfica estratégica, acceso preferencial al mercado estadounidense y un ecosistema industrial robusto hacen del país un candidato ideal para convertirse en el epicentro de la innovación digital latinoamericana.
Los beneficios no se limitarían al sector tecnológico: industrias como la automotriz, aeroespacial y agroindustrial requieren cada vez más herramientas avanzadas de software, análisis de datos e inteligencia artificial. Si las metas se cumplen, México podría atraer más de 68 mil 500 millones de dólares en inversiones tecnológicas en los próximos años, y eso es algo nunca antes visto en otro sexenio.
Ahora bien, ¿qué significa todo esto para estados como Colima, y particularmente para Manzanillo, el puerto más importante del país? La respuesta es clara: existe una oportunidad histórica. El auge global del nearshoring digital y de las cadenas de suministro tecnológicas orientadas a Asia-Pacífico coloca a Manzanillo en una posición estratégica para convertirse en un nodo logístico de alto valor agregado. No se trata solo de mover mercancías físicas; los puertos modernos requieren infraestructura digital avanzada, conectividad robusta y la capacidad de servir a empresas que operan con flujos de datos globales. Manzanillo puede atraer centros de distribución inteligentes, empresas de almacenamiento de datos, logística automatizada y servicios de comercio electrónico transpacífico si se articula una política estatal alineada con la agenda nacional.
Además, Colima cuenta con un activo clave: su conectividad natural hacia el Bajío —una de las regiones industriales más importantes del país— y la presencia de dos aeropuertos internacionales; el recientemente modificado Cuauhtémoc (mi tocayo) y el aeropuerto de Manzanillo, estos pueden funcionar como plataformas para servicios tecnológicos, operaciones de alto valor y movilidad empresarial.
Si el estado impulsa un marco regulatorio competitivo, se apalanca de empresas internacionales e instala infraestructura energética limpia y genera alianzas con empresas tecnológicas, podría integrarse a la red de innovación que se está configurando en México. Esto permitiría diversificar la economía, atraer empleos especializados y posicionar a Colima como lo que nunca logró ni el mal llamado tecnócrata Peralta: un puente natural entre Asia-Pacífico y el corredor tecnológico del Bajío.
En el marco del Cuarto año de gestión de la Gobernadora Indira Vizcaíno Silva, los avances en infraestructura, conectividad y modernización administrativa se han sentado bases sólidas para que el estado dé un salto cualitativo. Con la visión que ha caracterizado su administración, y con políticas públicas que conectan lo local con lo global, Colima tiene hoy la posibilidad real de posicionarse como nunca antes: competitivo, innovador y protagonista. Porque en la economía digital, las regiones que reaccionan a tiempo no solo participan del futuro: lo lideran.

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