¿Me subo o no me subo? El dilema de las mujeres sobre el transporte público en Colima
Por: Marisa Mesina Polanco
La inseguridad en México se vive de manera diferenciada entre hombres y mujeres. Diversos estudios y encuestas revelan que ellas son quienes más sienten y padecen los riesgos cotidianos, especialmente en el transporte público colectivo (Banco de Desarrollo de América Latina, 10 de septiembre de 2021). Esta percepción no es gratuita: las mujeres son las principales víctimas de delitos sexuales y enfrentan mayores obstáculos en su vida diaria, desde la exclusión laboral hasta la violencia en espacios públicos y privados.
Según datos de Expansión (7 de marzo de 2022), seis de cada diez asesinatos con arma de fuego en la vía pública tienen como víctimas a mujeres. Más de 21 millones están fuera del mercado laboral y 13 millones no pueden siquiera buscar empleo debido a la carga de labores domésticas. Aquellas que logran insertarse en el mundo laboral lo hacen en condiciones precarias: sus salarios rara vez superan los 14 mil pesos mensuales, cifra considerada apenas suficiente para sostener a una familia de cuatro integrantes. A ello se suma la desproporción en la impartición de justicia: el 49% de las mujeres en prisión cumplen condenas excesivas por su participación en organizaciones criminales. La igualdad, en este contexto, sigue siendo un reto monumental.
En ciudades como Colima y Villa de Álvarez, las mujeres de colonias populares enfrentan un dilema cotidiano: transitar de noche por calles mal iluminadas o depender de un transporte público que no siempre cumple con sus recorridos. Muchas no tienen ingresos suficientes para pagar taxis diariamente, lo que las obliga a exponerse a riesgos en trayectos inseguros. El transporte colectivo es su principal medio para llegar al trabajo o la escuela, con recorridos que suelen durar unos 30 minutos. Sin embargo, por las noches las rutas se acortan o simplemente dejan de pasar, dejando a las usuarias en puntos intermedios y obligándolas a caminar solas en condiciones adversas.
La percepción de inseguridad se extiende más allá de los vehículos. Las paradas de autobuses, deterioradas y sin señalamientos claros, representan otro foco de riesgo. Las banquetas en mal estado y la falta de iluminación agravan la vulnerabilidad de quienes deben recorrer largos trayectos a pie. La mayoría de las usuarias reporta sentirse inseguras en algún momento dentro del transporte público, ya sea por la forma imprudente de conducir de los choferes, la aglomeración en horas pico o la presencia de personas consideradas sospechosas.
El informe sobre Rutas Seguras (2022) es el resultado de la aplicación de encuestas en una muestra de personas de Colima y Villa de Álvarez. Con ella se sabe que la mayoría de las personas usuarias del transporte público colectivo son mujeres jóvenes, entre 16 y 26 años, muchas de ellas solteras. Este dato es crucial: se trata del mismo grupo que, a nivel nacional, aparece en las estadísticas como el más violentado, desaparecido y asesinado. La inseguridad en el transporte público, por tanto, no es un problema menor, sino un asunto prioritario de política pública.
Las colonias Nuevo Milenio y Las Víboras concentran gran parte de la demanda del transporte colectivo. Los usuarios califican la calidad de los vehículos como “mediana” y señalan la necesidad de mejorar recorridos, horarios y trato hacia la clientela. Entre las principales sugerencias destacan: ampliar los horarios de las rutas, extender los recorridos hacia colonias más apartadas, reactivar las líneas suspendidas durante la pandemia y crear rutas periféricas con horarios ampliados de 5 a 24 horas. También se pide mejorar las paradas, instalar cámaras de vigilancia y botones de emergencia, así como garantizar senderos seguros con banquetas en buen estado e iluminación adecuada.
La inseguridad en el transporte público no es solo un problema de movilidad: es un reflejo de la desigualdad estructural que enfrentan las mujeres en México. Mientras sigamos siendo las principales usuarias y las más vulnerables, cualquier política de transporte deberá incorporar una perspectiva de género que garantice nuestro derecho a transitar libres y seguras por la ciudad. Solo así dejaremos de preguntarnos ¿Me subo o no me subo?
Bibliografía consultada:
Expansión (7 de marzo de 2022). #8demarzo. 20 datos sobre la violencia contra las mujeres en México. Obtenido de la red mundial el 15 de noviembre de 2022 en: https://politica.expansion.mx/mexico/2022/03/07/datos-sobre-la-violencia-contra-las-mujeres-mexico
Banco de Desarrollo de América Latina. (10 de septiembre de 2021). Observando el transporte público desde los ojos de sus usuarios: Ciudad de México, obtenido de la red mundial el 1 de noviembre de 2022 en: af.com/es/conocimiento/visiones/2021/09/observando-el-transporte-publico-desde-los-ojos-de-sus-usuarios-ciudad-de-mexico/
Centro Estatal de Prevención Social de la Violencia y la Delincuencia con Participación Ciudadana (2022). Ruta Segura. Resultados preliminares de la encuesta sobre el transporte público aplicada en Colima y Villa de Álvarez, Gobierno del Estado de Colima.

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