Ex-asesor de Trump es condenado por abuso infantil
Estados Unidos. La condena contra un pastor evangélico y exasesor espiritual cercano a Donald Trump por el abuso sexual de una niña de 12 años ocurre en un contexto particularmente sensible: la reapertura del debate público tras las nuevas revelaciones de los archivos de Jeffrey Epstein, donde vuelve a aparecer el nombre del exmandatario estadounidense.
El religioso fue sentenciado a diez años de prisión, aunque cumplirá únicamente seis meses, una resolución que ha generado indignación por la desproporción entre el daño causado y la sanción efectiva. Organizaciones de derechos humanos y colectivos contra la violencia sexual han señalado que este tipo de fallos refuerzan la impunidad cuando los agresores están vinculados a estructuras de poder político o religioso.
La cercanía del pastor con el entorno de Trump se suma a una larga lista de alianzas del exmandatario con liderazgos evangélicos ultraconservadores, muchos de los cuales han sido señalados por prácticas de encubrimiento, abusos o discursos moralistas que contrastan con su conducta privada. Esta red de poder religioso-político vuelve a quedar bajo escrutinio en momentos en que los archivos Epstein exhiben la normalización de círculos donde el dinero, la influencia y el abuso convivieron durante años sin consecuencias.
Las menciones reiteradas de Trump en los documentos relacionados con Epstein —financista condenado por tráfico sexual de menores— han reavivado cuestionamientos sobre la tolerancia del poder hacia entornos donde la violencia sexual fue minimizada o ignorada. En ese marco, la condena reducida al pastor refuerza la percepción de un doble rasero judicial, especialmente cuando los agresores forman parte de una minorías protegidas.
Mientras la víctima enfrentará secuelas de por vida, el agresor pasará apenas unos meses en prisión. El contraste no sólo indigna: confirma una lógica estructural donde la cercanía al poder sigue operando como blindaje, incluso frente a delitos que destruyen infancias.
La coyuntura vuelve a colocar una pregunta incómoda en el centro del debate público: ¿cuántos abusos fueron tolerados —o silenciados— en nombre de alianzas políticas, religiosas o económicas? Y, sobre todo, ¿cuándo dejará la justicia de ser indulgente con quienes se mueven en los márgenes del poder?

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