Manzanillo, puerto de esperanza: el sentido del primer informe de Rosi Bayardo

Por: Isamar Ramírez

El primer informe de gobierno de Rosi Bayardo en Manzanillo no fue solo un acto protocolario: fue la confirmación de que, a un año de distancia, el puerto comenzó a moverse con otro ritmo político y bajo una lógica distinta de gobierno. En un país donde los informes suelen degradarse en listas interminables de obras y cifras, en Manzanillo apareció algo distinto: un proyecto que articula territorio, austeridad, educación y bienestar con una narrativa clara de transformación y con una alcaldesa que entendió que gobernar es, sobre todo, escuchar.

Lo primero que salta a la vista es el giro de prioridades. Rosi Bayardo decidió que el bienestar no sería un discurso abstracto, sino una agenda concreta que inicia en la salud y en la vida cotidiana de la gente. La coordinación con el Gobierno del Estado para enfrentar el dengue no es un detalle menor: pasar de alrededor de 1,100 casos en 2024 a solo 74 en 2025 (una reducción superior al 90 %) habla de un municipio que dejó de administrar la emergencia para empezar a prevenirla mediante jornadas de descacharrización, trabajo comunitario y una relación renovada con la autoridad estatal.

Ese mismo enfoque territorial se refleja en los programas que la presidenta destacó en su mensaje: Gobierno cerca de ti, las brigadas de salud, la atención a personas en situación de calle (con reunificación familiar, documentación y acompañamiento) y la decisión de tomarse en serio algo que en otros municipios sigue escondido bajo la alfombra: el bienestar animal. La creación de un reglamento moderno, la línea de denuncias, el rescate de cientos de animales y el arranque del primer Centro de Bienestar Animal de Colima envían una señal política nítida: la empatía también es política pública.

Pero quizá la apuesta más ambiciosa (y la más simbólica para una ciudad portuaria que se sabe clave en el desarrollo nacional) es Unibeca. No es una beca más: es un programa que entrega 9,000 pesos anuales a estudiantes de universidades públicas y que, en su primer año, ya alcanza a más de 5,000 jóvenes de Manzanillo y de otras instituciones públicas del estado. Diversas notas han subrayado que Manzanillo es hoy el único municipio del país donde todo el estudiantado universitario de escuelas públicas recibe un apoyo de estas características.

Manzanillo es un municipio que vive un momento histórico por la ampliación del puerto, y decide que su respuesta no solo puede ser infraestructura, sino futuro para quienes van a trabajar y dirigir esa economía. Apostar por la educación no es caridad; es estrategia de desarrollo y, al mismo tiempo, una toma de posición ideológica: la movilidad social no se improvisa.

En paralelo, Rosi Bayardo comenzó a mover las piezas del tablero económico local. El programa ManzaniYo Emprendo y otros esquemas de capacitación y acompañamiento a pequeños negocios no se quedan en el típico curso para la foto: incluyen equipamiento gratuito, asesoría técnica y una narrativa muy clara de respaldo a quienes quieren poner o fortalecer un negocio en colonias, barrios y comunidades. A ello se suma el arranque de la Agencia de Innovación, Emprendimiento y Negocios, la primera en su tipo en el estado, que coloca a Manzanillo como laboratorio regional para nuevas ideas y empresas.

Todo esto quedaría cojo si el municipio siguiera repitiendo la vieja historia de la obra pública de relumbrón. El informe muestra otra ruta: calles con más de cuarenta años sin atención renovadas con concreto hidráulico, la recuperación del mirador Solidaridad, hoy Mirador Manzanillo, la iluminación del libramiento Miramar–Peñitas, el mejoramiento de espacios deportivos y el ajuste de la ciclovía de la Miguel de la Madrid después de consultar a la ciudadanía. No se trata solo de pavimento y luminarias, sino de algo mucho más difícil de construir: confianza. Cuando una alcaldesa corrige una obra heredada escuchando a personas adultas mayores, madres de familia y usuarios del transporte público, está diciendo que el diseño de la ciudad ya no se define desde la oficina, sino desde la calle.

El caso del relleno sanitario y la planta recicladora es igualmente ilustrativo. En vez de seguir administrando el desastre ambiental heredado, el gobierno municipal optó por asociarse con una empresa, construir una planta de reciclaje, poner el relleno en regla ante las autoridades ambientales y, sobre todo, sacar de la informalidad a quienes por años trabajaron sin seguridad social ni reconocimiento. El mensaje es contundente: la modernización de los servicios puede ir de la mano con derechos laborales y con una visión ambiental seria.

Rosi Bayardo ha apostado por una idea simple, pero poderosa: que el recurso público “regrese al pueblo”. El énfasis en los ahorros superiores a 25 millones de pesos, el aumento de los ingresos sin recurrir al endeudamiento y la meta de mantener un ritmo de al menos 200 millones anuales en obra pública hablan de una administración que entendió que la austeridad no es solo recorte, sino reorientación. En un contexto donde Manzanillo recibió una administración con boquete financiero, nómina en riesgo y obras inconclusas, poner orden en las finanzas es, también, un acto de justicia con la ciudadanía.

Hay un elemento adicional que no es menor: la coordinación entre tres mujeres en puestos clave construye un hilo político que coloca a Manzanillo como epicentro de la transformación en Colima, pero también como símbolo de un tiempo en que los liderazgos femeninos pasaron de la excepción a la regla. En esa ecuación, el puerto deja de ser solo un dato en el mapa económico para convertirse en territorio estratégico donde se juega la credibilidad de la 4T en el ámbito municipal.

El primer informe de Rosi Bayardo, en suma, no es la meta, sino el punto de partida de una conversación más ambiciosa: qué ciudad quiere ser Manzanillo en los próximos años. Una ciudad que solo mira al mar como corredor de mercancías, o un municipio que se mira a sí mismo, invierte en su gente, se reconcilia con sus barrios y exige el lugar que le corresponde en la agenda nacional. El mensaje que se escuchó en el Cabildo parece inclinarse por la segunda opción. Y si algo deja claro este primer año es que, por fin, en Manzanillo el puerto de entrada ya no es solo para los contenedores, sino también para la esperanza.

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