El Círculo Vicioso de la Deuda Neoliberal de Colima: Riult Rivera y su innegable parecido con Nacho Peralta
Desde las sombras de una sesión de cabildo que se extendió hasta la madrugada, Riult Rivera Gutiérrez (PAN) consumó lo que ya preveía ante las inconsistencias en el pago de quincenas a trabajadores del Ayuntamiento de Colima: un nuevo endeudamiento de 55 millones de pesos. Ese es el engranaje de una maquinaria neoliberal que, desde los salones del poder, hipoteca el futuro de las y los colimenses con malas prácticas como, el engordar las arcas de los prestamistas o despilfarrar recursos en festivales antes que en temas importantes como la seguridad o el mismo pago a los trabajadores.
Y en este guion predecible, es innegable el parecido de Rivera con Ignacio «Nacho» Peralta (PRI), cuyo legado de ruina financiera aún nos asfixia cuatro años después.
Y es que ayer durante la sesión, los regidores de oposición alzaron la voz contra un dictamen plagado de errores matemáticos –liquidez inflada, proyecciones opacas–, mientras la síndica procuradora denuncia la falta de consulta a los trabajadores, esos mismos que podrían quedarse sin aguinaldo si el «milagro» del crédito falla. Rivera, con la frialdad de un contador de Wall Street, argumenta una «insuficiencia temporal». ¿Temporal? Es lo mismo que señaló Peralta en 2021, cuando su gobierno, ahogado en deudas de 11,100 millones de pesos, optó por pagar bancos en lugar de sueldos, dejando a miles de familias al borde del abismo.
Aquel exgobernador, hoy imputado por peculado y desvío de 97 millones a «empresas de asesoría» fantasmas, además de un crédito de 500 millones para pulir fachadas en el Palacio de Gobierno dio como consecuencia un estado quebrado, con pasivos que la 4T de Indira Vizcaíno ha tenido que saldar a costa de recortes en programas sociales, destinando más de 400 millones solo para tapar los hoyos de la corrupción priísta.
La comparación entre Riult y Nacho no es mera anécdota; es el retrato de un sistema podrido donde el PAN y el PRI, unidos en su devoción al capital privado, perpetúan el ciclo de la deuda como herramienta de control. Peralta nos legó un quebranto que ignoró citatorios del Congreso y malversó fondos públicos para banquetes y remodelaciones vanas; Rivera, en su versión light, endeuda al municipio en una votación exprés, sin rendir cuentas reales ni priorizar la austeridad republicana que tanto bien haría al municipio.
Ambos, herederos del neoliberalismo salvaje, convierten la necesidad popular –aguinaldos, obras comunitarias– en pretexto para más préstamos con intereses usureros (12% anual). ¿Y el pueblo? Paga con impuestos más altos, servicios recortados y un futuro empobrecido, mientras los políticos rotan cargos y los banqueros aplauden.
Es necesaria una auditoría inmediata e independiente al crédito de Rivera, la cancelación de privilegios fiscales a grandes deudores y un presupuesto participativo que devuelva el poder al pueblo, no a los salones de cabildo. Colima no puede seguir siendo rehén de estos «gestores» que confunden gobernar con endeudar.
La verdadera liquidez nace de la justicia social, no de los cheques bancarios.

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