Escándalo en MC: El caso de Benjamín Alamillo expone la doble moral naranja en Colima
En un episodio que revela las grietas de la supuesta «ética» que pregona Movimiento Ciudadano (MC), el Tribunal Electoral del Estado (TEE) de Colima revocó en mayo de 2024 la candidatura a diputado plurinominal de Benjamín Alamillo González, delegado nacional del partido en la entidad. La decisión no fue un capricho judicial, sino el resultado de una flagrante violación a los requisitos constitucionales: Alamillo no acreditó los cinco años de residencia obligatorios en el estado para postularse al cargo.
Lo que parece un intento burdo de falsificar documentos para colarse en una curul «segura» –esos escaños plurinominales que no dependen del voto directo– cuestiona no solo la integridad de Alamillo, sino la credibilidad de un partido que se vende como el baluarte de la renovación política, pero que en la práctica recurre a trampas administrativas para mantener el poder.
Alamillo, originario del Estado de México, llegó a Colima apenas en enero de 2023 como delegado especial del Comité Ejecutivo Nacional (CEN) de MC, tras la renuncia del anterior coordinador estatal. Su labor era «preparar el terreno» para el proceso electoral de 2024, pero en lugar de eso, se autoproclamó candidato en la segunda posición de la lista plurinominal local, ignorando la Constitución Política del Estado Libre y Soberano de Colima, que exige residencia efectiva de al menos cinco años para ser elegible.
El TEE desechó la constancia de residencia emitida por el Ayuntamiento de Minatitlán –un documento que carecía de pruebas fehacientes– y demostró que, hasta octubre de 2023, Alamillo mantenía su domicilio registrado en la Ciudad de México.
La impugnación vino de los partidos rivales –Morena, PRI y PAN–, pero también de exmilitantes de MC que alertaron sobre la inelegibilidad de Alamillo.
El tribunal le dio 24 horas al partido para sustituirlo, y así fue: José Israel González Mendoza ocupó su lugar en la lista.
Alamillo apeló ante la Sala Regional Toluca del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), pero la resolución fue confirmada, dejando al delegado con las manos vacías y al partido con la imagen empañada.
Hasta la fecha, no hay avances en una denuncia penal por falsificación de documentos, pero el daño a la democracia local es innegable: ¿cuántos «paracaidistas» como Alamillo –enviados desde el CEN para imponer candidaturas– están listos para saltar sobre las reglas electorales?
Este escándalo no es aislado en MC Colima, un partido que bajo el liderazgo de Alamillo ha navegado entre la retórica de la «alegría» y prácticas que rozan lo irregular. Recordemos que el mismo Alamillo dio la bienvenida a Griselda Martínez Martínez, la controvertida exalcaldesa de Manzanillo, cuando esta desertó de Morena en marzo de 2024 para unirse al naranja y postularse al Senado.
Martínez, quien enfrentaba acusaciones de corrupción en su administración (2018-2024), fue recibida con brazos abiertos por Alamillo, quien la presentó como un «refuerzo» para el proyecto colimense.
Hoy, con Martínez vinculada a proceso por presunto peculado y perseguida por la Fiscalía Anticorrupción –un caso que MC califica de «persecución política»–, el partido la defiende a capa y espada, exigiendo «justicia transparente».
La doble vara de medir es evidente: MC critica la «corrupción» de Morena y PRIAN, pero en su propio patio cultiva irregularidades. Alamillo, quien en 2023 se solidarizaba con el Instituto Electoral del Estado (IEE) contra recortes presupuestales del gobierno de Indira Vizcaíno, ahora queda expuesto como un operador que prioriza el control partidista sobre la legalidad.
Y Griselda Martínez, ante los azotes de la «hipocresía» en su propio partido, encaja perfectamente en esta galería de oportunistas: de alcaldesa cuestionada a senadora aspirante, siempre con el respaldo de quienes, como Alamillo, alteran las reglas para sobrevivir políticamente.
En un Colima donde la confianza en las instituciones electorales ya es frágil, casos como este erosionan aún más la fe en la política. Movimiento Ciudadano, que se autodenomina el «movimiento de la esperanza», debería empezar por barrer su casa antes de predicar moralinas. Si no, su naranja se convertirá en el color de la sospecha permanente.

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