El Puerto va, pero bien hecho

Isamar Ramírez

En el debate público, como en la vida, la información clara a veces se pierde por la inmediatez. Recientemente, a raíz de la notificación de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (SEMARNAT) sobre el proyecto de ampliación del Puerto de Manzanillo en la zona del Vaso II de la Laguna de Cuyutlán, hemos visto circular versiones imprecisas. Diversos titulares y voces de activistas y defensores ambientales han expresado su preocupación, llegando a interpretar una supuesta «cancelación» del proyecto portuario más importante del sexenio. Nada podría estar más lejos de la realidad.

Es vital, por el bien de Colima y de la nación, poner los puntos sobre las íes y explicar con claridad qué está pasando, por qué está pasando y, sobre todo, por qué esto es una buena noticia para el futuro de nuestro estado.

Lo primero que debemos dejar claro, de manera contundente y sin matices, es que el proyecto de ampliación del Puerto de Manzanillo no se ha cancelado. La visión de la Cuarta Transformación, compartida por nuestra Presidenta Claudia Sheinbaum y nuestra Gobernadora Indira Vizcaíno Silva, reconoce a Manzanillo como el corazón logístico de México. Nadie en su sano juicio renunciaría a potenciar la puerta de entrada de Asia a América. Lo que ha ocurrido es un acto de autoridad responsable: la SEMARNAT ha determinado que la Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) presentada requiere ser reformulada para cumplir con los estándares más altos de protección ecológica.

¿Por qué digo que esto es una buena noticia? Porque marca un antes y un después en la forma de hacer gobierno.

Durante décadas, bajo el régimen neoliberal, nos acostumbramos a que el «desarrollo» era una aplanadora. Si había un negocio millonario de por medio, los permisos ambientales se convertían en meros trámites administrativos que se aprobaban «fast track» en oficinas oscuras de la Ciudad de México, sin importar si se desecaban humedales, si se contaminaban mantos acuíferos o si se afectaba la calidad de vida de las comunidades pesqueras. El dinero mandaba; la naturaleza y la gente obedecían.

Hoy, eso ha terminado. La resolución de la SEMARNAT es la prueba viviente de que en la Cuarta Transformación no hay intocables ni cheques en blanco, ni siquiera para las obras prioritarias del propio Estado. Que la autoridad federal le diga «alto, revisa y mejora» a un proyecto de esta magnitud demuestra que vivimos en un auténtico Estado de Derecho Ambiental.

Nuestra Gobernadora, Indira Vizcaíno, ha sido la principal gestora de esta ampliación porque entiende la urgencia de desahogar la saturación portuaria que a veces asfixia a la ciudad de Manzanillo. Sin embargo, ella misma ha sido clara: el desarrollo no puede ser a cualquier costo. No queremos un puerto rico con una ciudad enferma. No queremos contenedores brillando sobre una laguna muerta.

La solicitud de un nuevo Estudio de Impacto Ambiental y Social no es un freno; es un filtro de calidad. La SEMARNAT está pidiendo que se garantice, con rigor científico, que las obras en el Vaso II no alterarán el flujo hidrológico esencial que mantiene viva a la laguna. Nos están pidiendo que las medidas de mitigación sean reales y no cosméticas. Esto significa que, cuando se ponga la primera piedra (que se pondrá, no tengan duda), tendremos la certeza absoluta de que se está haciendo lo correcto. Se busca que el proyecto del Puerto se haga lo mejor posible, con la mejor ingeniería y la mayor sensibilidad ecológica disponible en el siglo XXI.

Este momento de pausa técnica nos abre, además, una oportunidad histórica para hablar de lo que sigue. Si vamos a intervenir el Vaso II con responsabilidad, es obligación moral y política blindar el resto del ecosistema. Me refiero a la protección urgente y definitiva de los Vasos III y IV de la Laguna de Cuyutlán.

Mientras el Vaso II tiene una vocación que, bajo estrictos controles, puede convivir con la actividad portuaria, los Vasos III y IV son santuarios intocables. Son el hogar de miles de aves migratorias, son el riñón que filtra el agua de nuestra costa y son el sustento de cientos de familias que viven de la pesca tradicional y las salinas.

La agenda ambiental de la Gobernadora Indira Vizcaíno y de nuestro movimiento no se limita a «mitigar daños»; se trata de regenerar y proteger. Por eso, el siguiente paso en esta hoja de ruta debe ser avanzar hacia declaratorias de protección más robustas para estas zonas. Que quede escrito en piedra y en la ley: el desarrollo industrial llega hasta aquí, y de aquí en adelante, reina la naturaleza. Esa es la visión que guía nuestro actuar, porque el medio ambiente nunca debe ser visto como un estorbo; para nosotros, es patrimonio del pueblo.

A los empresarios, inversionistas y a la cadena logística les decimos: tengan confianza. La certidumbre no la da la rapidez irresponsable, la da la legalidad. Un proyecto que nace blindado ambientalmente es un proyecto que no tendrá problemas sociales ni legales en el futuro. Estamos construyendo un puerto para los próximos 50 o 100 años, y eso no se puede hacer con prisas ni con chapuzas burocráticas. La inversión está segura porque está respaldada por un gobierno que no miente y que no traiciona.

A las y los manzanillenses les decimos: su gobierno los cuida. Este «no» temporal de la SEMARNAT a un documento técnico es un «sí» rotundo a su calidad de vida. Es un «sí» a que sus hijos crezcan en una ciudad portuaria que respira, no en una zona de sacrificio industrial.

Estamos frente a una nueva era del desarrollo en Colima. Una era donde la economía y la ecología caminan de la mano, guiadas por el Humanismo Mexicano que impulsa nuestra Presidenta y nuestra Gobernadora. El Puerto de Manzanillo seguirá creciendo, seguirá siendo el motor de México y orgullo de los colimenses, pero lo hará bien. Lo hará con respeto a la laguna, con respeto a la ley y con respeto al pueblo.

Que no haya lugar a confusiones. No hemos retrocedido ni un milímetro. Al contrario, estamos tomando impulso para dar el salto hacia un futuro portuario sustentable, moderno y justo. La transformación avanza, y avanza cuidando nuestra casa común.

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