Proteccionismo inteligente: la apuesta de México para fortalecer su economía desde adentro

Por: Dr. Cuauhtemoc Ramírez Zamora

En un mundo que avanza hacia una nueva etapa de competencia económica, el libre comercio absoluto ha dejado de ser la regla incuestionable. Estados Unidos impulsa subsidios industriales, Europa protege sectores estratégicos y Asia refuerza su autosuficiencia productiva. La tendencia global es clara: las naciones buscan proteger sus mercados internos, fortalecer su industria y reducir dependencias externas excesivas. En este contexto, el proteccionismo ha dejado de verse como un retroceso y se entiende cada vez más como una herramienta legítima de desarrollo económico.

México no es ajeno a esta dinámica. Con la aprobación de la reforma a la Ley de Impuestos Generales de Importación y Exportación, el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum marca un punto de inflexión en la política comercial del país. El establecimiento de aranceles de entre 5% y 50% a productos provenientes de países con los que no existen tratados comerciales responde a una lógica clara: defender la industria nacional, equilibrar la balanza comercial y fomentar la producción interna. Lejos de ser una medida improvisada, esta decisión se alinea con la visión de la Cuarta Transformación de fortalecer el mercado interno como base del crecimiento económico.

Si bien países como China han expresado su inconformidad, los datos muestran por qué la medida es necesaria. México mantiene una relación comercial profundamente desigual con el gigante asiático: importa más de 129 mil millones de dólares y exporta menos de 9 mil millones. Sectores estratégicos como el automotriz, textil, electrodomésticos, plásticos y calzado han resentido durante años la competencia de productos importados a bajo costo, muchas veces en condiciones desiguales. Elevar aranceles en estos rubros no busca cerrar la economía, sino corregir distorsiones que han debilitado a productores nacionales.

Desde una perspectiva nacional, el impacto potencial es positivo. El nuevo esquema arancelario incentiva la sustitución de importaciones, promueve la inversión en manufactura local y genera condiciones más justas para las PYMES y microPYMES mexicanas. Además, fortalece la posición de México dentro del T-MEC, al consolidarlo como un socio productivo confiable que apuesta por cadenas de suministro regionales más sólidas, resilientes y competitivas frente a Asia.

Este giro estratégico abre oportunidades claras para el sector empresarial mexicano. Con mayores incentivos para producir localmente, las empresas pueden expandir operaciones, generar empleos y elevar el valor agregado de sus productos. El proteccionismo inteligente no es un freno al comercio, sino una palanca para industrializar al país, atraer inversión productiva y reducir la dependencia de mercados externos que históricamente han desfavorecido a la economía nacional.

Para Colima, y particularmente para el Puerto de Manzanillo, este nuevo enfoque representa una ventana de oportunidad excepcional. Como principal puerta de entrada de mercancías de Asia, Manzanillo puede transformarse de un punto de simple tránsito a un centro estratégico de valor agregado, donde se impulsen procesos de ensamblaje, transformación, almacenamiento inteligente y redistribución nacional. El aumento de aranceles incentiva que más productos se fabriquen o completen su proceso productivo en territorio mexicano, lo que fortalece la actividad logística, industrial y comercial del puerto.

Asimismo, el sector empresarial colimense puede beneficiarse de este nuevo entorno al integrarse a cadenas productivas nacionales, aprovechar la cercanía con el Bajío industrial y atraer inversiones que busquen instalarse cerca de uno de los puertos más importantes de América Latina. Con visión, coordinación institucional y políticas públicas alineadas al proyecto nacional, Colima tiene la oportunidad de consolidarse como un actor clave del nuevo modelo económico mexicano.

En suma, el proteccionismo impulsado por la Cuarta Transformación no representa un cierre al mundo, sino una decisión soberana para crecer con equilibrio. Apostar por la industria nacional, fortalecer el mercado interno y aprovechar ventajas logísticas como Manzanillo es la ruta para construir una economía más fuerte, justa y resiliente. Porque cuando un país protege lo suyo con inteligencia, no se aísla: se fortalece.

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