Acerca del Capitalismo Total y el Estado Benefactor – Las raíces económicas de la Izquierda y la derecha
Por Jorge Velasco Rocha
Antecedentes al tema que nos ocupa
Cuando Espartaco encabezo una rebelión contra el Estado Romano, allá por el año 71 antes de Cristo, lo único a lo que podía aspirar él y los que lo seguían, era a la posibilidad de no ser esclavos. Ideológicamente como grupo no tenían a donde ir, salvo a la dispersión.
Once siglos después, un monje calabres del siglo XII, Joaquín de Fiore, sin pretenderlo doto a los pobres de la Europa medieval con un proyecto de sociedad justa, basado en el Apocalipsis de San Juan. Este hecho provoco que los pobres de las ciudades, artesanos y campesinos, durante casi trescientos años, en distintos lugares se enfrentaran a las monarquías y a la iglesia, pues bajo la utopía de las profecías joaquinistas, creían tener hacia dónde ir en la idea de que, “Cristo regresaría para establecer un reino de iguales libres sin leyes que duraría mil años”. La Iglesia respondió calificando estas rebeliones de herejía y aplastándolas con ejércitos y santa inquisición. Dentro de estas rebeliones se mezclan los radicales de la Orden Franciscana por su natural inclinación a ser consecuentes con los votos de pobreza y estar a favor de los pobres.
Hacia 1517 la revuelta luterana y el sisma de lglesia, vendrían a amortizar todas estas luchas pues los países de Europa se dividirían a favor o en contra de los presupuestos de la Reforma. El desarrollo del capitalismo europeo se inicia con un nuevo orden religioso y se estrenan los primeros ensayos de revoluciones burguesas, motivados por la presencia creciente de esta clase social en la mayoría de las ciudades, particularmente en el norte de Europa.
Entre los países que adoptan y se inclinan al bando protestante, esta Inglaterra el más fuerte y también el país que más tarde encabezaran la revolución industrial. La monarquía francesa no logro deslindarse de la Iglesia Católica, naciendo un permanente conflicto entre estos dos países, pero más tarde aportara la Gran Revolución Burguesa, la de 1789.
España y Portugal encabezan la globalización e inician las invasiones colonialistas, bajo el orden de la Iglesia Católica, abanderando la lucha contra la reforma protestante.
En este contexto, entre estos acontecimientos en Europa, se acuña el desarrollo del capitalismo. Los ingredientes para que Inglaterra este a la cabeza a partir del siglo XVI son tres: la revolución industrial que provoco la invención de la máquina de vapor, la acumulación originaria de capital en base al colonialismo y la adopción de los principios de la “ética protestante” en torno al trabajo como vía redentiva. Ni España, ni Francia, a pesar de ventajas militares, pudieron alcanzar ese desarrollo. Pero la Ilustración francesa y la Revolución de 1789, aportarían al desarrollo capitalista la ideología liberal más completa, piedra angular del trasfondo capitalista. El capitalismo naciente y la nueva clase social dirigente, la burguesía, también originan una nueva clase social diferente a los pobres de la ciudades y a los campesinos, la clase obrera, los pobres que ponen en movimiento toda la estructura económica y fuente de la riqueza de estos países.
Podríamos decir que la historia del desarrollo capitalista tiene más que los últimos 500 años, pues no todos sus ingredientes están desde el principio. Lo que si podemos afirmar es que su énfasis como modo de producción consolidado se enmarca con la revolución industrial Inglesa , francesa y norteamericana en los siglos XVIII y XIX. Su legitimidad es de facto sobre la base de un orden económico y un poder político, con variables monárquicas o republicanas, como es el caso de Francia. Crea un orden jurídico y legal para afianzar se estructura económico hacia un Estado que proteja su orden y reglas de funcionamiento. También necesita de una ideología de dominio que justifique su orden, aparte de la religiosa establecida 1500 años antes.
El orden capitalista necesita que los trabajadores de la ciudad y del campo, sobre todo los obreros, acepten como natural y justo, que el salario que apenas los mantiene vivos, es lo que les corresponde sin que se recurra a la fuerza. Ese trabajo, el de elaborar una visión del mundo que justifique ese orden social, es el trabajo de filósofos, pensadores e intelectuales afines a ese orden. Para la Inglaterra del siglo XVIII el trabajo de A. Shmith, La riqueza de las naciones, el primer tratado sistemático de economía, viene a llenar el espacio ideológico que confirma, que el capitalismo es hacia el futuro, “La tierra de la gran promesa”
Aquí comienza la historia de la dominación del modo de producción capitalista sobre la base de una elaboración ideológica hacia 1776 con el trabajo de Shmith pues La riqueza de las naciones, no sería cuestionada, tan radicalmente, hasta la aparición de El Capital de Carlos Marx en 1867, casi un siglo después. Por supuesto que Marx estudio a Shmith y a David Ricardo, el otro gran economista ingles posterior a Shmith, pero cambia radicalmente el enfoque y los términos del análisis, cambio que va a ser la base de la diferencia de analizar el capitalismo mirando y complaciendo a los dueños de la riqueza, o, mirando hacia abajo, hacia los trabajadores y productores de la riqueza.
El problema no está en el esfuerzo de categorizar el conjunto de términos nacidos de oferta y demanda, salario precio y ganancia, división del trabajo, tendencia a la especialización, mercado y mercancía, inversión, etc. sino básicamente de aspectos que siguen siendo el objeto del análisis y practicas económicas originadas desde Shmith hasta nuestros días, ante la de Marx también hasta la actualidad.
Shmith propone desde aquel momento que el capitalismo es el modo perfecto para que las naciones obtengan la riqueza que necesitan. Si sobre la base del trabajo como valor fundamental, pero retribuido salarialmente para crear la economía de mercado. Insiste desde aquel momento que en el dejar hacer a los capitalistas, sin que el estado participe esta el mejor destino de los capitales.
Marx por su parte que si toma como base el trabajo, genera una teoría del valor que cambia todo el andamiaje de todos estos economistas clásicos que hasta ese momento imperan. Para Marx el capitalismo, aplicando una rigurosa lectura de la historia, lectura material de la historia, el capitalismo es otro de los diferentes modos de explotación de la historia, donde el trabajador, asalariado ahora, será tan explotado como los esclavos o los siervos de la gleba, con la gran diferencia que ahora tiene menos que los otros pues no posee nada salvo su fuerza de trabajo. Y de manera estructural analiza los factores de la producción, donde aparece por primera vez la teoría de la plusvalía, dejando en claro que lo único que genera valor es el trabajo, pues ni las maquinas ni las materias primas por sí mismas pueden agregar valor a las mercancías, sino fundamentalmente el esfuerzo del obrero. Y continúa explicando que ese valor que agrega el trabajo, llamado plusvalía, se lo queda el dueño de los medios de producción, llámense fábricas o tierras, y que es la base del enriquecimiento de los dueños del capital. El trabajo de Marx enfatiza que quienes generan la riqueza son los trabajadores y estos están llamados a ser los protagonistas de las nuevas sociedades más justas. Por primera vez en la historia los oprimidos de la tierra tienen un hacia dónde ir, ética, moral y políticamente justificado para organizarse y luchar.
Nace el movimiento socialista con raíces profundas y nada fáciles de refutar y hasta los anarquistas, como Bakunin, empiezan a traducir el capital y este se difunde en el mundo, dándole sentido a la lucha de clases hasta nuestros días.
Cinco años después surge en Austria, la primera respuesta economicista al análisis económico de Marx, de un economicista llamado Karl Menger quien es la base hasta nuestros días, de todas las variables economicistas a favor de ratificar que el capitalismo, ahora neoliberal, es el único proyecto pleno para vivir en sociedad. Se inicia la carrera de los intelectuales economicistas para combatir los efectos de la teoría de Marx que perviven hasta hoy. Desde Menger se diluye la teoría del valor, en función del mercado, a solo aspectos subjetivos. Desparece el obrero, es decir la fuerza de trabajo, como parte fundamental del análisis económico y por supuesto la teoría de la plusvalía. También se borra la historia pues según la Escuela de Austria, la que hoy es la más importante en casi todas las universidades del mundo occidental, Marx es un historicista, que ya no cabe en el análisis económico. Además todos los continuadores de esta escuela hasta Hayek, que en 1972 recibió el premio nobel en economía, la Academia Sueca premia a los suyos, continúan sosteniendo el mismo principio propuesto por Shmith hace casi 250 años, de que el Estado no debe intervenir pues la economía de mercado se regula sola, aquel “dejar hacer” pues el Estado estorba. El triunfo de estas escuelas economicistas al interior de las universidades, se da con la caída del muro de Berlín a partir de 1989, cuando se generaliza por los ideólogos norteamericanos, el “triunfo del capitalismo” y el “fin de las ideologías”. Las escuelas Norteamericanas, como la Escuela de Chicago, de las que destaca Milton Fridman, como uno de los economicistas estrella, que en su momento fue asesor de Pinochett, son del mismo cuño pero con variables hacia el monetarismo, actual estrategia de Milei. La otra escuela importante norteamericana es la Keinesiana, concebida como estrategia económica que solo sirvió para la crisis del 29, pues ni la Austriaca ni la de Chicago aceptan, como opción que el estado cree fuentes de empleo pues se trata de quitarlo de en medio.
Llamarle al capitalismo “libertario”, bajo la visión ideológica de estas dos escuelas del neoliberalismo contemporáneo, no es otra cosa que una supuesta reducción del Estado a simple instrumento legal, facilitador de negocios y que pone al mercado la riqueza pública para que los ricos, dueños de los medios de producción incrementen su riqueza. Para legitimar esta ideología depredadora, han tratado de invertir todo lo que tenga que ver con la economía marxista. Ahora los inversionistas son los héroes generadores de la riqueza, no los trabajadores, que son simples beneficiarios de la “generosidad de los dueños del dinero” El Estado como regulador, mediador, responsable de la obra pública, administrador del patrimonio social y de la riqueza nacional, debe desaparecer; en eso consiste ser “libertario”, porque toman la palabra prestada, la usurpan del anarquismo histórico que sostiene que para llegar a una sociedad igualitaria, sin pobres ni ricos, el Estado debe desaparecer. Lo que también plantea Marx en su idea de comunismo, como la etapa superior de la evolución humana.
La encrucijada de nuestros días es entender que la parte contundente del marxismo, la revolución y la “dictadura de los trabajadores” llamada Estado obrero, no está en el horizonte de sociedades capitalistas como la nuestra pero, la progresividad hacia un orden económico que beneficie a la gran mayoría trabajadora, hacia los pobres, si depende de impedir ese capitalismo total, del cual conocimos una probadita desde Salina de Gortari. Y él hacia dónde ir, aun se encuentra en la única teoría económica política y social, hacia los pobres heredada por Marx. China, Rusia, dos de las tres potencias del mundo pasaron por Marx, con su propio camino. Esperamos que bajo esa misma perspectiva países como el nuestro encuentren su propio camino. Por lo pronto con un Estado Benefactor, elegido en libertad de voto que reduzca al máximo la voracidad del capital. Luego un orden económico y social más justo, para el cual aun no hay nombre.

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