El fracaso de las COP´s sobre la crisis climática

Por Ana Luz Quintanilla Montoya

Las Conferencias de las Naciones Unidas sobre el Clima, llamadas comúnmente COP´s, después de 30 años de existencia, han demostrado no sólo ser un fiasco sino un rotundo fracaso. Desde junio de 1992, 154 naciones firmaron la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en donde se comprometieron a “prevenir los impactos causados por los seres humanos en el sistema climático de la Tierra” y el objetivo principal de esta convención fue entonces, el exigir que los países lograran reducciones sustanciales de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), causantes de la crisis climática. Las emisiones, sin embargo, no han hecho otra cosa más que crecer a nivel mundial. Solo la Unión Europea las ha reducido, pero ello, en buena medida, se debe a la deslocalización: si contásemos las emisiones que conlleva todo lo que se consume en Europa pero se produce en otras partes del mundo, su contribución sería la misma que las naciones más emisoras de gases de efecto invernadero.

Cada año se reunen los representantes de los países y la comunidad del IPCC (interpanel gubernamental para el cambio climático), conformada no sólo por políticos sino también por científicos, llegan a las aberraciones de viajar en sus aviones particulares y dilapidan demagogia pura, porque se sabe perfectamente que el 75% de la población mundial consume sólo 25% de la electricidad y que el 25% consume el 75% de la que se genera en total mundial. Quizá por ello el presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, prefiere negar la existencia del cambio climático, porque tan sólo el estado de California, consume el equivalente de electricidad que consume Japón.

¿Qué es lo que falla en estas reuniones y sus propuestas de reducción de gases de efecto invernadero (GEI)? ¿Por qué los países más ricos son tan incapaces de lograr una reducción de emisiones que nos permita confiar en que realmente se está luchando contra la amenaza climática? Para responder a esto, necesariamente tenemos que hablar del origen de las emisiones y, por tanto, del consumo de combustibles fósiles por los países más ricos, que son los principales responsables de la crisis climática. Resulta sorprendente lo poco que se habla sobre el petróleo y demás combustibles (carbón y gas) en las COP´s anuales, pues si los gobiernos hablan de reducir emisiones, deberían hablar también de reducir aquello que las causa. Eso sin considerar el crecimiento de la población a nivel mundial (que era en 1900 1.5 mil millones de habitantes y hoy en día hemos superado los 8.4 mil millones), la deforestación, el cambio de uso de suelo por la agricultura, el consumo de combustibles para el el transporte, la emisión de metano por la ganadería, y el consumismo que aumenta día con día, entre otros.

Se menciona que si se triplica el uso de las energías renovables, sería benéfico, sin embargo, no es suficiente para reducir el consumo de combustibles fósiles, si sigue incrementándose el gasto energético, sin considerar que para la fabricación, uso y destino final de las mismas, hay un costo ambiental que hay que asumir también. Algo similar sucede con querer convencernos de que transitemos al uso de autos eléctricos, que no sólo son mucho más caros que los convencionales, sino que terminaremos conenctando los mismos, a un enchufe que produce energía proveniente de combustibles fósiles y que además generará grandes riesgos ambientales por las baterías que se utilicen en la minería, para los mismos.

Pueden haber muchas reuniones anuales más de las COP´s alrededor del mundo cada año, sin embargo, la realidad es que la economía capitalista, tal y como realmente funciona, obligada a mantener un crecimiento económico ilimitado ante una naturaleza limitada, no nos permite hacer la transición energética o una diversificación de la matriz energética, o, lo que es lo mismo, no nos permite afrontar la emergencia climática. Podemos seguir engañándonos cuanto queramos, los gobiernos pueden seguir exhibiendo sus imposturas en las COP, pero lo cierto es que no estamos luchando contra las causas que producen el cambio climático. OXFAM (Oxford Committee for Famine Relief, por sus siglas) publicó en 2023 un informe en el que dice que el 1% más rico de la población mundial genera más emisiones que el 66% más pobre), es decir, los países más ricos son los culpables del cambio climático y quieren convencer a la vecina del quinto piso, que baje sus consumos de electricidad; es irrisorio.

Particularmente, México no ha podido llegar a las metas de sus anteriores NDC (contribuciones determinadas a nivel nacional) y siendo un país petrolero, es aún menos posible que lo logre. Carlos Carabaña en su artículo periodístico del 11 de noviembre de 2025 en EL PAÍS, menciona que de acuerdo a lo publicado por la Secretaría de Medio Ambiente en la COP30, “la NDC 3.0 incorpora una nueva meta de reducción que pondrá a México en la trayectoria hacia cero emisiones netas para mediados de siglo”. No está claro cómo lo logrará, si México tiene una política expansiva en el uso de hidrocarburos, planes para buscar más reservas de petróleo usando fracturamiento hidráulico y, de sus 35 plantas de generación eléctrica en construcción, la inmensa mayoría usan combustibles fósiles, con una vida útil de al menos 30 años. Es decir, estarán en funcionamiento más allá de esa mitad de siglo en la que México se compromete a no lanzar a la atmósfera gases de efecto invernadero”. Si bien es cierto que está en construcción la segunda planta solar más grande de latinoamérica en Sonora, que la energía eólica aporta ya el 6.5% del total y que la nuclear 4.5%, aún así la matriz energética del país está fuertemente dominada por fuentes fósiles. Es por ello que me atrevo a decir que las promesas de los países son como las cartas que hacíamos a los Reyes Magos o a Santa Claus en la niñez para que nos trajeran regalos, y éstos no llegaban porque las promesas de portarnos bien nunca se cumplían. Así sucede.

Profesora e Investigadora
Universidad de Colima
analuzqm@ucol.mx

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