El PAN y la farsa de la “Generación Z”: cuando la espontaneidad cuesta 2.1 millones de pesos
Lo que iba a ser presentado como la gran rebelión juvenil “espontánea” contra el gobierno de Claudia Sheinbaum terminó convertido en un bochorno contable: el Partido Acción Nacional (PAN) admitió ayer que Edson Andrade, el influencer estrella de la marcha “Generación Z” del 15 de noviembre, lleva un año en su nómina con un contrato por 2 millones 106 mil 810 pesos firmado por el PAN de la Ciudad de México.
Primero negaron haber convocado la marcha: “Aquí el PAN de manera formal y preclara lo dice: no convocamos esta marcha”, dijo Jorge Romero. Minutos después reconocieron el contrato, pero juraron que era “para fines de otro tipo” y que, en todo caso, la filtración de los documentos es persecución política y violación a la privacidad. Es decir: sí pagamos al chico, pero no para esto… aunque sí para algo.
El argumento se desmorona solo. Un influencer contratado por más de dos millones de pesos durante un año difícilmente organiza una marcha “ciudadana e independiente” por pura vocación cívica. Lo que vimos el sábado no fue la ira auténtica de la Generación Z, sino una operación de marketing político disfrazada de protesta juvenil. Y cuando la operación se destapó, la respuesta del PAN no fue pedir disculpas por el engaño, sino victimizarse y comparar a Sheinbaum con Gustavo Díaz Ordaz porque el domicilio de Andrade apareció en documentos… que son públicos.
Sí, públicos. El contrato salió a la luz porque alguien lo solicitó vía transparencia, no porque el gobierno haya allanado su casa. Pero el relato panista prefiere la narrativa del “joven perseguido que tiene que huir del país” antes que asumir que pagarle millones a un influencer para que organice marchas puede oler un poquito mal.
Y luego viene la cereza: mientras Romero Herrera lloriquea por la “represión brutal” del sábado, omite mencionar que la inmensa mayoría de los detenidos fueron liberados ese mismo día y que las imágenes más difundidas de violencia provinieron de grupos provocadores que nada tenían que ver con los estudiantes reales. El PAN necesita mártires para tapar su cinismo, así que infla, dramatiza y exagera.
En el fondo, lo que quedó al descubierto es la enésima prueba de que el PAN sigue operando con las mismas mañas de siempre: comprar voces, simular movimientos “ciudadanos” y luego gritar persecución cuando los pillan. Solo que ahora lo hacen con TikToks y filtros de Instagram en lugar de acarreados en camiones.
La Generación Z merece causas reales, no ser utilizada como carne de cañón en una guerra partidista que cuesta dos millones de pesos y un boleto de avión de ida. El PAN no defiende a los jóvenes: los renta. Y cuando el recibo sale a la luz, prefiere culpar al mensajero antes que devolver el cambio.

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