Golpe blando, Oportunismo y Retos de la 4T
La marcha de la Gen Z del pasado sábado no fue un estallido juvenil espontáneo; fue un capítulo más en la estrategia de golpe blando contra Claudia Sheinbaum. Una movilización de sectores descontentos impulsada por líderes de la oposición.
Investigaciones periodísticas han demostrado que el manifiesto y el dominio web de la “Generación Z” que promovió las protestas en México no fue orgánico, sino una creación de una agencia de marketing ligada al exdiputado del PRI: José Alfredo Femat Flores, además del continúo llamado a la marcha por parte de personajes como Vicente Fox, Alito Moreno, Miguel de Samaniego, Alessandra Rojo, Salinas Pliego o Claudio X. Gonzalez.
Además de la clara influencia de estos personajes de la derecha, la periodista Viri Ríos en El País, señala que el 68% de los asistentes pertenecen a clase media-alta, concentrados en zonas opositoras como Polanco o Las Lomas y desmonta el mito: la Gen Z que llenó las calles no representa a los 33 millones de jóvenes mexicanos; sino a un segmento mayormente privilegiado que llamaba al rescate intervencionista de Estados Unidos y al rechazo de Morena.
La marcha se convocó alrededor en un tema sensible y legítimo como lo es la inseguridad, un llamado al que la gente atiende con las mejores intenciones para construir un México mejor, sin embargo sí existe una politización del tema, por ejemplo, es importante señalar que en Colima se registran 40% menos homicidios que en 2021, según SESNSP, por lo que no hay más inseguridad, pero sí existe una mayor percepción fabricada: el 73% cree que «todo está peor» pese a que el INEGI reporta 1.2 millones de empleos formales creados, inflación controlada en 4.2% y pobreza en mínimos históricos de 36.3%.
Otro ejemplo es la campaña en redes sociales para vincular al Gobierno con el narcotráfico bajo esa misma estrategia, lo cual ha tenido consecuencias en la percepción social, un caso que resulta hasta irónico cuando los únicos Gobiernos realmente sentenciado por vínculos con el narco son panistas: Felipe Calderón con García Luna y Cardenas Palomino; o casos que deben verse bajo lupa como el de Sandra Cuevas con presuntos nexos con la Chokiza y la Unión Tepito.
Ante estos temas, el imperialismo opera con precisión quirúrgica, como en un manual de la CIA. La NED y USAID financian ONGs que capacitan a «jóvenes líderes» en técnicas de desestabilización –las mismas que derrocaron a Evo Morales en 2019–. En México, los oligopolios mediáticos (Televisa, Reforma, El Universal, Milenio) amplifican el relato: 8 de cada 10 notas sobre seguridad son negativas, según Verificado 2025. Sus campañas de odio –#SheinbaumRenuncia trending con 180 mil bots detectados por Maldita.es y el Laboratorio de Ciberseguridad del CIDE– se replican en granjas de Coahuila, Jalisco y hasta Texas, donde el PAN paga $0.50 por tuit y $2 por video deepfake dejando claro que la ultraderecha no debate; sino que fabrica realidades alternas.
La desesperación de las élites es fiscal y existencial: el SAT les cobra 1.2 billones en adeudos históricos de grandes contribuyentes –Walmart, Femsa, Slim– quienes disfrazan esa molestia de «preocupación juvenil» incentivando a que sus hijos marchen contra una supuesta dictadura que solo existe en sus cabezas.
Como decía Pablo González Casanova –ese gigante de la sociología crítica– cuando el proceso armado se deslindó de Cuba: «no es un proceso perfecto, todos los productos de transformación están llenos de contradicciones, retos y dificultades». Y tiene razón. Hay que seguir avanzando la Cuarta transformación de la mano de la gente pese a sus contradicciones, retos y dificultades: fortalecer la seguridad, acelerar los resultados de la reforma judicial, blindar los programas sociales contra el desvío clientelar, escuchar a las Gen Z de verdad –las que estudian en las Universidades Benito Juárez e interculturales–.
Fuera de las redes sociales, la Presidenta Sheinbaum mantiene 70% de aprobación (Mitofsky, noviembre 2025) porque entrega resultados concretos: 22 millones de beneficiarios de programas sociales, salario mínimo al 100% de la línea de bienestar, 5 mil km de carreteras rehabilitadas. Es la presidenta más atacada de la historia –incluso más que AMLO y tan solo en su primer año–, pero resiste porque el pueblo antepone resultados, no narrativas.
La Gen Z auténtica sabe que su futuro no está en las marchas financiadas por los que evaden impuestos, sino en un visión integral, que responda a sus inceridumbres y necesidades. En ese sentido, la Cuarta transformación continúa siendo la opción en la que encuentran más afinidad, avanza con contradicciones, pero con rumbo. Falta mucho por hacer y para ello se necesita unidad, trabajo, organización y participación sobre todo de las nuevas generaciones. Por eso mientras las élites pagan bots, la Cuarta Transformación encabezada por Claudia, construye bienestar para el porvenir, para la grandes mayorías y respondiendo únicamente a los intereses del pueblo de México.

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