Polarización Global: Entre el Agonizante y el Naciente
Columna: Estación Esperanza
Por: Vladimir Parra
En un mundo fracturado por visiones opuestas del futuro, la polarización política domina nuestra era. El ascenso de la ultraderecha en el mundo, encarnada en figuras como Javier Milei o Donald Trump, choca contra el resurgimiento de izquierdas progresistas, como las de Lula en Brasil o Claudia Sheinbaum en México. Según la ONU, en 2025, el 60% de las democracias reportan un aumento en la polarización, amplificada por redes sociales que exacerban extremismos.
En este limbo histórico, resuena la frase del exvicepresidente de Bolivia y pensador marxista, Álvaro García Linera que describe la transición caótica del capitalismo neoliberal a formas alternativas de organización social como un periodo en el que: «lo nuevo no acaba de nacer y lo viejo no acaba de morir». Es así que el «viejo» —el libre mercado desregulado, el estado mínimo y la globalización depredadora— se resiste a extinguirse, aferrado a sus privilegios. Mientras, «lo nuevo» —modelos de economía solidaria, derechos colectivos y soberanía popular— lucha por emerger, sofocado por diversas crisis económicas, sociales o medioambientales.
La ultraderecha, con su retórica de «libertad», predica emancipación individual, pero selectiva: libertad económica absoluta para corporaciones y elites, a costa del bienestar colectivo. En su versión anarcocapitalista, el Estado y los apoyos sociales se reducen; y se privatizan la justicia y la seguridad. Esta ideología deja a los más necesitados en las calles: En Argentina, las políticas de Milei han disparado la pobreza al 57%, el 70% de los argentinos no llegan a fin de mes, y por recortes en subsidios se expulsan a familias enteras a la indigencia. Mientras en EE.UU., se abandona al 40% de indigentes —veteranos y precarizados— a un mercado que prioriza ganancias.
En México también pasa: la oposición se radicaliza. Recientemente, el PAN reestrenó su logo y slogan, en un evento que busca «refrescar» su imagen rumbo a 2027. Pero el slogan de «Dios, Patria y Familia» desentona con esa modernidad y evoca directamente el lema fascista de Benito Mussolini usado en Italia en los años 30 para unir clericalismo, nacionalismo exacerbado, represión y autoritarismo, un eco que resuena a retroceso.
Frente a esto, urge encontrar modelos alternativos al libre mercado desbocado. Sin Estado regulador, el mercado no es neutral: es un depredador que premia la acumulación sobre la distribución. En este sentido, el humanismo mexicano emerge como la opción más viable para un avance de izquierda pues, además de haber sacado a 13.4 millones de la pobreza, a diferencia del anarcocapitalismo, cultiva solidaridad colectiva, equilibrando lo material (salud, educación gratuita) con ideales (revolución de conciencias contra corrupción) e incluso, ahora con la primera mujer Presidenta, Claudia Sheinbaum, se extiende esta visión con énfasis en género y medio ambiente, resistiendo presiones neoliberales.
La polarización parecer ser el parto doloroso de lo nuevo. Rechazar la ultraderecha no es dogmatismo, sino apostar por la equidad. El humanismo mexicano, que prioriza el pueblo sobre elites, ofrece un faro: un izquierda pragmática, culturalmente arraigada, que transforma sin destruir. Solo así, lo viejo morirá y lo nuevo nacerá, y lo hará no en calles de miseria, sino en comunidades de esperanza y prosperidad compartida.

¡Historico! Sheinbaum lanza reforma e incentivos para transformar el cine nacional
Donald Trump busca el voto italiano levantando una estatua de Colón en la Casa Blanca
Ex-asesor de Trump es condenado por abuso infantil